Reptiles de Valsaín
Reptiles Valsaín
Galápago Leproso
Lagartija Noroccidental
Lagartija Roquera
Lagartija Carpetana
Lagartija Colilarga
Lagartija Cenicienta
Eslizón Tridáctilo
Lagarto Ocelado
Lagarto Verdinegro
Culebra de Escalera
Culebra de Collar
Culebra Viperina
Culebra Lisa Meridional
Culebra Lisa Europea
Víbora Hocicuda
Otras especies

 

dos Un tres
 

La luz tenue del quinqué ilumina la estancia, en el cálido lecho una madre amamanta a su bebé de pocos días, la dulce escena es conmovedora. La madre satisfecha va entornando sus ojos y poco a poco del adormecimiento pasa a un sueño algo más profundo. Por entre la rendija de la puerta, reptando y silenciosa, se cuela una serpiente. Esta levanta su cabeza paladeando el aire con su bífida y húmeda lengua. Se detiene cada poco tiempo a oler cada fragmento de la habitación y poco a poco sus indagaciones le van llevando hasta el lecho de la madre y su hijo. Poco tarda la serpiente en encaramarse hacia la cama, sin detenerse, mientras el leve sonido de sus escamas al rozar las sábanas es lo único que rompe el silencio de la noche. La serpiente con sigilo llega hasta el pecho de la buena mujer, que duerme ya profundamente, introduce su cabeza entre la boca del niño y el pezón de la madre, mientras muerde con suavidad este último. El niño gimotea un par de veces, sin mucho convencimiento, pero la culebra hábil, introduce con suavidad la punta de su cola en la boca de este, que se duerme plácidamente, pensando que lo que tiene en la boca, es el pezón de su madre. La escena que se ha repetido cada noche, permite observar a la culebra con su cola en la boca del niño, enroscada junto a la madre, absorbiendo las últimas gotas de la leche materna. Tras haber terminado y sin hacer ruido, la serpiente se retira igual que vino, silenciosa, escudriñando el aire con su bífida lengua. El niño solloza y despierta a su madre que le acuna para dormirlo, entre tanto, la culebra siente el frescor de la noche en el prado húmedo. Mañana volverá.

El relato anterior, que se repite en cada pueblo de la Península igual o con algunas variaciones, es ABSOLUTAMENTE FALSO, sin embargo, ha ido pasando de generación en generación, como una leyenda viva y nos será posible encontrar a alguien que diga que el ha conocido un caso como la que acabamos de relatar, seguramente aludiendo al pariente de un pariente, a un vecino, etc, pero obviamente nunca en primera persona.

 
  Montaje fotográfico con todos los reptiles presentes en los Montes de Valsaín

 
  Montaje fotográfico con todos los reptiles presentes en los Montes de Valsaín  
   
 

Las serpientes, a diferencia de los mamíferos, no maman, nacen de huevo y a partir de su nacimiento, serán activas cazadoras carnívoras o insectívoras, hasta llegar a la fase adulta dónde probablemente sólo cambiará el tamaño de sus presas. Sus estómagos no están concebidos para asimilar la lactosa, sin embargo, esta leyenda, como muchas otras, está tan arraigada en el acerbo cultural, como el odio innato del ser humano por muchos de nuestros ofidios y reptiles. Sin embargo, esto no siempre fue así, no todas las culturas han odiado a los ofidios, algunas, en cambio, las han venerado. Los griegos con su dios Asclepio (Esculapio para los romanos) veían en la serpiente y la muda continua de su piel, la capacidad de regeneración y por tanto de la cura, y así representaron el oficio de la medicina con el símbolo de la vara (símbolo del médico) y la serpiente (símbolo de la cura). En muchas regiones asiáticas, los ofidios son también venerados, pero la concepción de la maldad personificada en una culebra, se la debemos, en parte, al viejo testamento católico, en el que la serpiente era la representación del mismo diablo quien invitaba a Adán y Eva a comer de la manzana prohibida. Esta concepción negativa unida a la creencia injustificada de la peligrosidad de todas las especies de serpientes, han hecho que el hombre las persiga con todos los medios posibles a su alcance y que sólo el mimetismo y el sigilo con el que llevan su azarosa vida ha hecho que algunos individuos hayan sobrevivido hasta nuestros días.
No obstante dichos como: “Si la víbora oyera y el topo viera, no habría ser humano que al campo saliera”, parecen recoger aún la esencia de nuestros temores.

 
  Ejemplar juvenil de culebra viperina (Natrix maura). Los ofidios a menudo están rodeados de numerosas leyendas negras que pocas veces se correponden con la realidad.

 
  Ejemplar juvenil de culebra viperina (Natrix maura). Los ofidios a menudo están rodeados de numerosas leyendas negras que pocas veces se correponden con la realidad.  
 

No sólo las serpientes han conservado hasta nuestros días una mala fama inmerecida, algunos otros reptiles como los eslizones (totalmente inofensivos) también tienen su refrán, absolutamente inmerecido, de: "Si te pica el eslizón (ponga aquí cualquiera de los nombres con el que se conoce al animal) vas directo al panteón", tampoco los lagartos se han librado de su mala fama de depredadores de especies cinegéticas, a pesar de haber contribuido, en algunos puntos de España, con creces, a la exigua dieta del hombre de la posguerra española. Las salamanquesas tampoco se han librado de su fama de peligrosas para el hombre por lo terrible de su veneno (otra creencia totalmente falsa). Tan sólo las lagartijas han sido vistas con cierta indiferencia por parte de los humanos occidentales, aunque esto no las ha hecho librarse de las perrerías de los niños, especialmente de otras épocas donde el campo era un lugar más conocido y habitado de lo que lo es ahora.

 
 

Ejemplar de eslizón tridáctilo (Chalcides striatus). A los eslizones les ha acompañado una leyenda negra de animales venenosos y muy dañinos, algo totalmente falso pues son completamente inofensivos y beneficiosos para los cultivos y huertas al ejercer una enorme presión sobre diferentes insectos.

 
  Ejemplar de eslizón tridáctilo (Chalcides striatus). A los eslizones les ha acompañado una leyenda negra de animales venenosos y muy dañinos, algo totalmente falso pues son completamente inofensivos y beneficiosos para los cultivos y huertas al ejercer una enorme presión sobre diferentes insectos.  
 

Existen 22 especies de reptiles autóctonos de la Península citadas en la provincia de Segovia, aunque pensamos que las citas de 2 de ellas pudieran deberse a sueltas o animales traídos de provincias limítrofes aposta o en cargamentos de materiales, etc. Estas 2 especies que no hemos encontrado en la provincia y cuyas citas son siempre escasas y muy localizadas son la salamanquesa común (Tarentola mauritanica) y el galápago europeo (Emys orbicularis). Por lo tanto, podríamos decir, que a nuestro criterio, 20 serían las especies que compondrían el verdadero catálogo de los reptiles de la provincia. En los Montes de Valsaín hemos encontrado 15 especies seguras (y es probable que puedan encontrase hasta 18 especies), lo que comprendería el 75% (o el 90%) del catálogo provincial total y por tanto situaría a los Montes de Valsaín como uno de los enclaves más importantes, en cuanto a este grupo de vertebrados, de la provincia sólo equiparables a algunas zonas del sur-oeste de esta, considerando siempre áreas de mayor extensión a la de estos montes.

Pero echemos un vistazo al apasionante mundo de los reptiles para comprenderlos mejor y desmentir con ellos estas leyendas carentes de significado y que tan flaco favor nos han hecho a nosotros y a estos animales.

 
 

Lagartija roquera (Podarcis muralis) una de las muchas especies de reptiles presentes en los Montes de Valsaín.

 
  Lagartija roquera (Podarcis muralis) una de las muchas especies de reptiles presentes en los Montes de Valsaín.  
   
 

Animales primitivos

Aunque tradicionalmente los reptiles se han englobado en la clase Reptilia, se trata de un grupo artificial y cada vez hay más evidencias que acercarían estos al grupo de las aves, que podrían derivar de un pasado común con estos.  Los reptiles son animales vertebrados, esto es, poseen un cordón nervioso dorsal protegido por unas estructuras óseas segmentadas, denominadas vértebras. Los reptiles son animales extraordinariamente primitivos, teniendo algunos caracteres que hablan de de su antigüedad como el hecho de tener el cuerpo cubierto por escamas o su ectotermia, esto es, su dependencia del sol y otras fuentes de calor externas para mantener y alcanzar su temperatura corporal.

Amniotas o un gran salto evolutivo

La vida de los reptiles terrestres comienza con el milagro de la evolución que supone el huevo amniota, capaz de desarrollarse en medios terrestres. Con anterioridad los huevos anamniotas necesitaban del continuo aporte de humedad, para su desarrollo, algo que todavía continua en peces o anfibios que poseen dichos tipos de huevos.
Sin embargo, el huevo amniota, tiene 2 membranas, el amnios, que posee en su interior el líquido amniótico (que sustituye al líquido acuático primitivo imprescindible para el crecimiento del embrión y que hace que pueda desarrollarse en un medio terrestre) y el alantoides, que se trata de otra membrana que rodea a las anteriores y que permite el almacenamiento de las sustancias excretadas por el embrión, además de permitir a este el intercambio de gases con el exterior, tomando el oxígeno del exterior a través de la cáscara porosa del huevo y de la red de capilares existente entre las dos membranas, así como la eliminación del CO2, procedente del metabolismo embrionario de la misma manera. Por encima de estas dos membranas existe otra, el corion, que protege la totalidad del huevo. Además la albúmina del huevo le sirve al embrión de protección y de reserva de agua, mientras que la yema lo es de proteínas y grasas que le ayudan a completar su desarrollo. La eclosión del huevo se produce normalmente gracias al diente de huevo, que es una pequeña protuberancia creada para rasgar la cáscara, que se presenta al final de su periodo de incubación y que desaparece a las pocas horas. En cuanto nace un reptil, podremos observar que es una réplica en diminuto del adulto y que no habrá, por tanto, ninguna metamorfosis en el camino para alcanzar dicho estado.

 
 

Huevos de lagartija roquera (Podarcis muralis). El huevo amniota permitió a los reptiles dar un verdadero salto evolutivo y abandonar el agua.

 
  Huevos de lagartija roquera (Podarcis muralis). El huevo amniota permitió a los reptiles dar un verdadero salto evolutivo y abandonar el agua.  
   
 

Otras de las evoluciones que presentaron algunos reptiles para hacer del terrestre su medio, fue la lucha contra la desecación de su piel, esto es, para evitar la pérdida de agua de su cuerpo, que consiguieron, sin duda, cubriéndolo de escamas. Las escamas son formaciones queratinizadas que se forman en la epidermis, esto es, la capa más externa de la piel, siendo por tanto diferentes a las de los peces que presentan una formación dérmica y que a su vez son revestidas por la epidermis, que segrega unas sustancias mucosas. Sólo algunas formaciones en los reptiles son de origen dérmico, como los caparazones de las tortugas y algunas glándulas, como los poros femorales de los lagartos o las glándulas cloacales de las serpientes. El hecho de que las escamas sean de formación epidérmica, hace que estas sean mudadas con cierta asiduidad debido al crecimiento del animal. Esta muda se puede hacer en fragmentos de tamaño variable, como sucede en el caso de los lagartos y lagartijas o en una sola pieza, como lo hacen serpientes y culebrillas ciegas, dejando lugar a lo que se conoce como mudas o camisas en el argot naturalista y que cualquier persona que haya frecuentado el campo habrá encontrado alguna vez.

 
 

"Camisa" de víbora hocicuda (Vipera latastei). Los ofidios se desprenden de la piel entera y no es raro, para el naturalista, encontrar las "camisas" de estos en el campo.

 
  'Camisa' de víbora hocicuda (Vipera latastei). Los ofidios se desprenden de la piel entera y no es raro, para el naturalista, encontrar las 'camisas' de estos en el campo.  
   
 

 

Los reptiles, presentan una piel con bonitos diseños y colores, debida a la presencia de cromatóforos, que cumplen en muchos casos una función mimética, como en el caso de las víboras, etc. o también de reconocimiento entre individuos o durante el celo. El control de estos cromatóforos normalmente es hormonal, aunque también puede ser nervioso como en el caso de los camaleones.

Los reptiles más primitivos presentan una estructura formada por cuatro extremidades con 5 dedos cada una, con cuerpo alargado y cuello y cabeza bien diferenciados y una cola más o menos larga. Esta forma ha evolucionado, en algunos reptiles hacia dos formas bien diferenciadas:

  • Acortamiento general del cuerpo y aparición de caparazones protectores como es el caso de las tortugas y galápagos.
  • Alargamiento del cuerpo, asociado a una reducción de las extremidades, entre las que se pueden encontrar todo tipo de formas intermedias. Entre los reptiles sin extremidades y cuerpo alongado encontramos a los ofidios o serpientes, los anfisbénidos o culebrillas ciegas y los lagartos ápodos como el lución, mientras que en las formas intermedias estarían los eslizones como el eslizón tridáctilo o el ibérico (más primitivo que el anterior).
 
 

Eslizón ibérico (Chalcides bedriagai). En la fotografia se puede observar la elongación del cuerpo y la disminución en el tamaño de las patas.

 
  Eslizón ibérico (Chalcides bedriagai). En la fotografia se puede observar la elongación del cuerpo y la disminución en el tamaño de las patas.  
   
 

Fisonomía de los reptiles o misión imposible

Dentro de los reptiles ibéricos podemos encontrar dos grupos desde el punto de vista morfológico:

    • Los quelonios (galápagos y tortugas)
    • Los escamosos (que contendrían a su vez varias divisiones):

      • lagartos (que presentarían cuatro extremidades, aunque como hemos visto existe    alguna forma ápoda o intermedia como ánguidos y escíndidos)

      • serpientes (formas alargadas sin extremidades).

      • Anfisbénidos (formas sin extremidades, cráneos muy compactos con cuerpos robustos y visión muy pobre adaptaciones todas a la vida subterránea).
 
 

La culebrilla ciega (Blanus cinereus) es un curioso reptil que ha evolucionado, debido a sus costumbres excavadoras hacia una morfología que le asemeja a una gran lombriz de campo.

 
  La culebrilla ciega (Blanus cinereus) es un curioso reptil que ha evolucionado, debido a sus costumbres excavadoras, hacia una morfología que le asemeja a una gran lombriz de campo.  
   
 

 

Los reptiles, por término general, poseen un esqueleto adaptado al movimiento en tierra firme. La columna vertebral está formada por vértebras macizas con distinta morfología según la región donde estén. En las especies que reptan el número de vértebras se dispara. En algunos escamosos algunas de las vértebras de la cola tienen la capacidad de la autotomía, esto es, de desprenderse solas, regenerándose posteriormente la cola normalmente con una apariencia diferente y con vértebras de estructura cartilaginosa ya sin dicha capacidad.

El cráneo presenta fuertes contrastes entre grupos, siendo compacto en quelonios o anfisbénidos (extraordinariamente robusto en estos últimos para favorecer su actividad fosorial y excavadora), con aberturas a ambos lados (muy parecido al de las aves) en los escamosos, con una gran movilidad de algunos de sus huesos lo que les confiere de una gran amplitud bucal y una buena presión en el cierre de las mandíbulas y también, como en el caso de las serpientes, puede estar formado por huesos independientes, entre ambos lados de éste y de las mandíbulas, unidos únicamente por ligamento y piel, lo que permite aperturas extraordinarias de la boca.
La mayoría de los reptiles tienen dientes en su boca a excepción de las tortugas que han modificado su estructura para desarrollar un pico córneo parecido al de las aves. Los dientes de los reptiles se pueden clasificar por su disposición en varios tipos:

  1. implantados directamente en los bordes de las mandíbulas o acrodontos.
  2. adosados al borde de las mandíbulas o pleurodontos.
  3. o alojados en unos huecos especiales u orificios alveoidales o tecodontos.

Los dientes de los reptiles suelen ser cónicos o cilíndricos y estar dispuestos en una sola fila en las mandíbulas superiores e inferiores. En los ofidios son algo más largos y finos estando, en muchos casos, algo dirigidos hacia atrás, teniendo, en ocasiones acanaladuras abiertas o cerradas conectadas a glándulas venenosas. Las culebrillas ciegas poseen en el medio de la mandíbula superior un diente único muy desarrollado que les permite arrancar trozos de sus presas, pues resultaría, en muchos casos, imposible para ellas comerlas enteras.
En la mayoría de los reptiles, los dientes pueden reemplazarse a lo largo de toda su vida.

En la boca de los reptiles puede haber varios tipos de glándulas como las palatinas, linguales, sublinguales y labiales (estas últimas suelen ser las glándulas que segregan sustancias tóxicas en las serpientes venenosas).

 
 

Lagarto ocelado subadulto (Timon lepidus). En la fotografía se pueden apreciar los pequeños dientes adosados a su potente mandíbula.

 
  Lagarto ocelado subadulto (Timon lepidus). En la fotografía se pueden apreciar los pequeños dientes adosados a su potente mandíbula.  
 

El tercer ojo o epífisis

El cerebro de los reptiles tiene una estructura muy similar a la de otros vertebrados. Sin embargo, en la zona superior de este, presenta una protuberancia llamada cuerpo parietal o parapineal, atravesando, en muchos escamosos, el cráneo formando lo que se ha venido en llamar ojo pineal. En las formas más primitivas (algunas iguanas y otros escamosos), esta estructura glandular, también llamada epífisis, llega a tener incluso una rudimentaria retina e incluso (en los tuátaras) una lente a modo de cristalino, que aunque no pudiera reconstruir imágenes nítidas si podría discernir entre intensidades luminosas diferentes y se especula con la posibilidad de que fuera utilizado por los reptiles para regular sus ritmos vitales y de exposición a los rayos solares. Esta glándula muy poco desarrollada en los humanos, es la responsable de la secreción de la melatonina, ante la falta de luz y que algunos han elaborado teorías paracientíficas con la relación del tercer ojo y otro tipo de poderes sensoriales.

 
   
 

 

Los sentidos de los reptiles

Los reptiles suelen poseer lenguas muy bien desarrolladas, en la mayoría de los lagartos es bífida y móvil, siendo fija en las tortugas.
El olfato de los reptiles consta de algunos quimiorreceptores situados por detrás de los orificios nasales o narinas, pero su escaso número y su poca capacidad receptora hace que este sea bastante pobre. Sin embargo, en algunos reptiles, existe una estructura olfatoria muy evolucionada llamada órgano vomeronasal u órgano de Jacobson. Consiste en dos cavidades abiertas al paladar por la parte anterior de la boca. Así la lengua bífida se utiliza para captar partículas olorosas y transportarlas hacia la cavidad bucal y de esta al órgano de Jacobson donde son interpretadas, pudiendo así oler “en estéreo”.

 
 

Lengua bífida de culebra de escalera (Rhinechis scalaris). Gracias a ella los reptiles pueden capturar las particulas de olor del ambiente y discriminar de que punto espacial vienen, esto es, oliendo en "estereo".

 
 

Lengua bífida de culebra de escalera (Rhinechis scalaris). Gracias a ella los reptiles pueden capturar las particulas de olor del ambiente y discriminar de que punto espacial vienen, esto es, oliendo en "estereo"

 
   
 

Algunas serpientes además cuentas con órganos que sirven para localizar por su temperatura corporal a las presas, denominados fosetas sensoriales y que no se encuentran presentes en nuestros ofidios.

En la piel, los reptiles cuentan con numerosos receptores táctiles y de temperatura. También presentan mecanoreceptores que detectan la presión ejercida sobre la piel.

El oído de los reptiles es variable según las especies, se encuentra bien desarrollado en la mayoría de lagartijas y lagartos, presentando una estructura de tímpano, muy visible y situado en los laterales de la cabeza. El sonido es transmitido desde el tímpano a través de la columella auris (dos huesecillos: columella y extracolumella) hasta la ventana oval. Las serpientes por su parte no tienen oído, ni apertura timpánica, sin embargo, todas las especies son capaces de percibir las vibraciones del sustrato en el que se encuentran a través de la mandíbula y de allí ser transmitidos de nuevo, por la columella auris hasta el oído interno.

La vista es uno de los sentidos fundamentales para la mayoría de los reptiles a excepción de la especies cavadoras o subterráneas. Los ojos poseen un cristalino, acomodándose la vista a través de cambios en su curvatura como nos pasa a los mamíferos. Las serpientes y los geckos poseen párpados trasparentes, soldados y por tanto inmóviles, teniendo así siempre los ojos abiertos. Las pupilas presentan multitud de formas y colores, presentando algunas adaptaciones en los reptiles nocturnos o vespertinos.

Los reptiles utilizan el sentido de la vista y el del olfato principalmente para cazar, así mientras algunas especies cazan al acecho, permaneciendo inmóviles durante mucho tiempo hasta que una presa para enfrente de ellos (como hacen las víboras) otros son buscadores activos de presas como las culebras de escalera o bastarda y otros utilizan técnicas mixtas como la mayoría de los lacértidos.

 
 

Adulto  de culebra de collar mediterránea (Natrix astreptophora). Observesé el gran desarrollo de sus ojos con respecto al tamaño total de la cabeza, algo propio de las culebras que buscan activamente su alimento.

 
 

Adulto de culebra de collar mediterránea (Natrix astreptophora). Observesé el gran desarrollo de sus ojos con respecto al tamaño total de la cabeza, algo propio de las culebras que buscan activamente su alimento.

 
   
 

Una respiración y circulación diferentes

Los reptiles presentan respiración pulmonar, aunque los pulmones de estos suelen estar menos desarrollados que los de los mamíferos o las aves.
Un detalle muy característico de los reptiles es su sistema circulatorio. Tienen un sistema circulatorio cerrado de vasos sanguíneos, donde la sangre circula gracias a la acción de un corazón. Hasta aquí nada nuevo, dirá el amable lector. Sin embargo, el corazón de los reptiles posee únicamente tres compartimentos, esto es, 2 aurículas y un solo ventrículo parcialmente dividido por un tabique central con una válvula, esta válvula puede producir una circulación doble cerrada, como en el caso de los mamíferos, pero también puede producir la mezcla de la sangre arterial y venosa en determinados casos.
El porqué de estos casos, sencillo. Los reptiles no respiran de modo continuado como en el caso de los mamíferos, sino que alternan ciclos de respiración con otros ciclos de apnea (no respiración). Durante estos ciclos de apnea, de nada serviría que la sangre pobre en oxígeno que viene de la periferia, vaya a los pulmones, pues allí no se va a producir inspiración alguna, sino que es más conveniente redirigir parte de esta sangre pobre en oxígeno de nuevo a la periferia en vez de redirigirla de nuevo a los pulmones. ¿Y el por qué de redirigir la sangre a la periferia? Pues como hemos visto, los reptiles son animales que necesitan de una fuente externa (sol, piedras, aire circundante, etc) para mantener y/o conseguir una temperatura, es por ello que resulta muy útil durante determinados tiempos conducir la mayor cantidad de sangre a la periferia para que el proceso de calentamiento sea más rápido y esto sólo se consigue con un corazón capaz de hacer que se mezclen sangre oxigenada con sangre pobre en oxígeno para ser desviada de nuevo a las partes más externas del animal.


 
 

Macho adulto de lagartija carpetana (Iberolacerta cyreni). El ejemplar de la foto aprovecha los rayos solares de las primeras horas de la mañana para calentarse. Para ello expone la mayor superficie a estos y sufre un periodo de apnea en el que la circulación sanguínea se dirige hacia la periferia del cuerpo, mezclándose en el único ventrículo, la sangre venosa y arterial.

 
  Macho adulto de lagartija carpetana (Iberolacerta cyreni). El ejemplar de la foto aprovecha los rayos solares de las primeras horas de la mañana para calentarse. Para ello expone la mayor superficie a estos y sufre un periodo de apnea en el que la circulación sanguínea se dirige hacia la periferia del cuerpo, mezclándose en el único ventrículo, la sangre venosa y arterial.  
   
 

Cómo excretan y se reproducen

El intestino grueso de los reptiles termina en la cloaca, que se abre al exterior por la base de la cola y que cuenta con un conducto que vierte las heces o coprodeo y otro que desemboca los productos sexuales y las excreciones llamado urodeo.
Los reptiles presentan sexos separados, teniendo los machos testículos a ambos lados de la cavidad abdominal y comunicados con la cloaca. En las hembras, no existe útero o vagina, sino que cuentan con oviductos que conectan los ovarios (pares) con la cloaca. Los reptiles tienen órganos para copular, que pueden ser sólo uno, en el caso de las tortugas o dos (denominados hemipenes) en el caso de los demás reptiles lo que favorece la cópula por cualquiera de los lados del animal.
Así, la fecundación es interna, y puede retrasarse con respecto a la cópula, puesto que la hembra tiene la capacidad de almacenar el esperma durante bastante tiempo en las cavidades seminales.

La vida en caliente

La distribución y la vida de los reptiles está marcada fundamentalmente por su carácter ectodérmico, esto es, lo que se ha venido en llamar vulgarmente “ser de sangre fría”.
Esto hace que, si miramos la distribución mundial de los reptiles, sean las regiones tropicales y subtropicales las que presentan una mayor cantidad de especies, siendo su número moderado en las regiones templadas, no pudiendo encontrar más que dos especies que sean capaz de alcanzar el círculo polar ártico (nombraremos las especies de record en un pequeño homenaje, vipera berus y zootoca vivípara). Sin embargo, las escamas, que como vemos protegen mal del frío, son un excelente medio para evitar la desecación, habiendo algunos reptiles colonizado las zonas más secas y calurosas de la tierra.

Los reptiles por tanto emplean varios métodos para su termorregulación, algunos podríamos identificarlos como comportamentales como el exponerse a los rayos solares, cambiando sus ubicaciones para regular también que la incidencia de los rayos sea más o menos perpendicular sobre su cuerpo. Esto también incluiría estrategias como la de aplastar el cuerpo mediante la extensión de las costillas para aumentar la superficie que es radiada. Así como también el utilizar otros objetos para calentarse o mantener el calor, como piedras, asfalto, chapas, etc.
Otras estrategias de termorregulación podrían ser de tipo fisiológico como el control de la respiración, aumentando el ritmo y utilizando el jadeo para evitar sobrecalentamiento. Incluso algunos reptiles pueden controlar hasta un cierto nivel su calor corporal.
No obstante en las regiones templadas, como es el caso de nuestro país, los reptiles tienen que hibernar durante los meses más fríos.

España es un lugar de gran riqueza herpetológica si lo comparamos con el resto de Europa, siendo, el nuestro, uno de los países con más especies de reptiles. Posiblemente por lo templado de nuestro clima, por haber sido refugio de especies que huían del frío durante el cuaternario y por la gran cantidad de ecosistemas distintos presentes en nuestro país, en parte debido a la orografía tan variada. Además en la Península Ibérica contamos con algunos endemismos, es decir, especies que no se encuentran en otros lugares, número que es seguro que crecerá con la aplicación de técnicas moleculares y genéticas que últimamente se están llevando a cabo por parte de los taxónomos.
Así las lagartijas pirenaicas, las antiguamente englobadas bajo el paraguas de las serranas (iberolacertas), la lagartija de Valverde, el lagarto verdinegro o la lagartija de Bocage, son algunos ejemplos de endemismos ibéricos.

 
 

Macho de lagarto verdinegro (Lacerta schreiberi), uno de los reptiles endémicos de la península ibérica.

 
  Macho de lagarto verdinegro (Lacerta schreiberi), uno de los reptiles endémicos de la Península Ibérica.  
   
 


Defendiendo la vida

La mayoría de los reptiles son básicamente carnívoros (entendiendo que muchos comen insectos, babosas y otros invertebrados), especialmente los ibéricos, donde sólo algunas tortugas tienen dietas mixtas o vegetarianas. Algunas lagartijas y lagartos insulares se alimentan también de materia vegetal.
Muchos de estos reptiles carnívoros se alimentan de otros reptiles, de otras especies e incluso de su misma especie.  A su vez los reptiles son presa de innumerables animales, algunos que los incluyen en su dieta junto a otras especies y otros muy especializados, siendo en nuestro país, el animal especializado en la caza de reptiles por excelencia el águila culebrera (Circaetus gallicus).

 
 

Ejemplar adulto de lagartija cenicienta (Psammodromus hispanicus), cazado por un cernícalo primilla que lo ha preparado convenientemente, quitándole cola y cabeza, para cebar a sus pollos. Los reptiles, por lo general, son víctimas de muchos depredadores, por eso una de sus estrategias defensivas más importantes, consiste en el camuflaje y la discreción.

 
  Ejemplar adulto de lagartija cenicienta (Psammodromus hispanicus), cazado por un cernícalo primilla que lo ha preparado convenientemente, quitándole cola y cabeza, para cebar a sus pollos. Los reptiles, por lo general, son víctimas de muchos depredadores, por eso una de sus estrategias defensivas más importantes, consiste en el camuflaje y la discreción.  
 

Es esta la razón por la que los reptiles han desarrollado numerosas técnicas defensivas, que van desde modificaciones corporales para parecer mayores, como hincharse, desplegar membranas, amenazar con la boca fuertemente abierta hasta bufar, silbar, morder o expulsar heces y/o líquidos repelentes y malolientes de sus glándulas cloacales. Otro mecanismo de defensa, bastante usado entre los escamosos, es la capacidad de desprenderse de un trozo de cola (autotomía caudal). El trozo desprendido continúa moviéndose debido a contracciones musculares que atraen hacia el al depredador pudiendo el reptil escapar. A pesar de que este método es muy costoso, puesto que la regeneración supone un gran esfuerzo energético, mientras regeneran la cola la mayoría de las especies ven mermadas algunas facultades de agilidad y destreza (puesto que la cola sirve a veces de timón y contrapeso) y las colas regeneradas no vuelven a presentar la capacidad de autotomía, muchos de los juveniles de lagartijas presentan coloraciones muy llamativas de sus colas para que los posibles predadores se fijen en esta parte y no en zonas mucho más vulnerables y vitales.

 
 

Ejemplar adulto de culebra de collar mediterránea (Natrix astreptophora), haciéndose la muerta. Curioso método defensivo utilizado frecuentemente por este ofidio.

 
  Ejemplar adulto de culebra de collar mediterránea (Natrix astreptophora), haciéndose la muerta. Curioso método defensivo utilizado frecuentemente por este ofidio.
 
   
 

Otro de los mecanismos de defensa más utilizados por los reptiles, es el del camuflaje,  muchos presentan colores crípticos perfectamente miméticos con el entorno como geckos, camaleones o víboras.

 
 

Impresionante camuflaje de ejemplar subadulto de víbora hocicuda (Vipera latastei). El camuflaje es uno de los mecanismos de defensa más importante para mantenerse con vida, sobre todo en las especies con mayor número de enemigos, como es el caso de la víbora.

 
 

Impresionante camuflaje de ejemplar subadulto de víbora hocicuda (Vipera latastei). El camuflaje es uno de los mecanismos de defensa más importante para mantenerse con vida, sobre todo en las especies con mayor número de enemigos, como es el caso de la víbora.

 
   
 

Algunas serpientes inofensivas, basan su estrategia en la de simular actitudes y diseños similares a especies muy venenosas y por tanto peligrosas para el depredador, este es el caso de la culebra viperina en nuestro país.

 
 

El diseño de la culebra viperina (Natrix maura), animal completamente inofensivo, especialmente en ejemplares jóvenes como el de la foto, se basa en un tosco ziz zag que recuerda al de las víboras (potencialmente mucho más peligrosas). Cuando se encuentra en peligro aplasta la cabeza poniéndola triangular y realiza una parodia de ataque similar al de una víbora. Con todos esos recursos en muchas ocasiones consigue la huida del posible depredador.

 
  El diseño de la culebra viperina (Natrix maura), animal completamente inofensivo, especialmente en ejemplares jóvenes como el de la foto, se basa en un tosco ziz zag que recuerda al de las víboras (potencialmente mucho más peligrosas). Cuando se encuentra en peligro aplasta la cabeza poniéndola triangular y realiza una parodia de ataque similar al de una víbora. Con todos esos recursos en muchas ocasiones consigue la huida del posible depredador.  
   
 

Perpetuando la especie

En los reptiles existen numerosas estrategias de celo, en algunas especies se producen combates ritualizados entre machos (como es el caso de las víboras), en otros casos se delimitan zonas o territorios con excrementos u otros marcajes y en otros casos hacen gala de mecanismos olfativos, de comportamiento o visuales. En general los machos de las distintas especies suelen ser más llamativos que las hembras, presentando cuerpos más robustos, con mayor colorido, con diseños más definidos.
Así, por ejemplo, los machos de los saurios tienen cabeza y extremidades más corpulentas, poseen poros femorales y preanales en la cara interna de muslos y alrededor de la cloaca. Interviniendo las secreciones de dichos poros en el reconocimiento y la atracción sexual.

 

Detalle de los poros femorales de un macho adulto en celo de lagartija carpetana (Iberolacerta cyreni)

 
  Detalle de los poros femorales de un macho adulto en celo de lagartija carpetana (Iberolacerta cyreni)  
 

En casi todas las especies la reproducción va precedida de un cortejo, que puede ser más o menos elaborado siendo a veces bastante violento.
La fecundación es interna y durante la cópula el macho introduce uno de los hemipenes (o el único, en el caso de las tortugas) en la cloaca de la hembra.
Los reptiles son mayoritariamente ovíparos, esto es ponen huevos, aunque en nuestro país existen varias especies ovovivíparas, en las que el huevo se desarrolla en el interior de la hembra, que alumbra a crías ya completamente formadas. Todas las especies ovíparas presentan un tiempo variable de retención de los huevos en el oviducto materno, que pude ser muy pequeño como sucede en el caso de las lagartijas noroccidentales (Podarcis guadarramae) antes conocidas como ibéricas (podarcis hispanica), más moderado como en el caso de las lagartijas carpetanas (iberolacerta cyreni) o incluso tan largo que se hace coincidir con el momento de la eclosión, que es lo que se conoce como oviviparismo.

 
 

Puesta de lagarto ocelado (Timon lepidus)de al menos 11 huevos en el Cerro de Matabueyes. La mayoría de nuestros reptiles presenta un oviparismo estricto, con poca retención de los huevos en el oviducto materno.

 
  Puesta de lagarto ocelado (Timon lepidus)de al menos 11 huevos en el Cerro de Matabueyes. La mayoría de nuestros reptiles presenta un oviparismo estricto, con poca retención de los huevos en el oviducto materno.  
 

Las especies ovovíparas, como víboras, culebra lisa europea o eslizones, presentan una mejor adaptación a climas más fríos o de temperatura oscilante, como es el caso de entornos montañosos, ya que la temperatura de incubación la proporciona la madre, así se logran acortar los tiempos de incubación que de otra manera serían muy largos bajo estas condiciones y por tanto se reduce el riesgo de que la puesta pueda ser depredada, por el contrario, supone un gasto energético grande para la hembra, que en muchas ocasiones, como en el caso de las víboras, no puede reproducirse anualmente y además se corre el peligro de que si la hembra es depredada o muerta, se pierda toda la puesta. El ovoviviparismo, no suele entrañar otra cosa que cobijo y calor de los huevos en el oviducto materno y no suele presentar, en la mayoría de nuestras especies ningún tipo de intercambio entre madre y embriones. Sin embargo, algunos eslizones tienen un sistema casi vivíparo, recibiendo las crías aporte alimenticio de la madre a través de un sistema de vasos sanguíneo situado en el oviducto de esta. Se piensa que el eslizón tridáctilo (Chalcides striatus) es uno de los reptiles ibéricos que posee un ovoviviparismo más evolucionado.
El tamaño de la puesta es muy variable dependiendo de la especie, pudiendo ir de 1 sólo huevo a varias decenas. También es muy variable el tiempo de incubación y además muy dependiente de la temperatura de incubación (pudiendo ir de apenas unos días hasta más de tres meses) y la frecuencia de reproducción siendo de hasta tres o cuatro puestas anuales en algunas lagartijas hasta cada tres años o más en las víboras más montanas. Existen, además, algunas lagartijas partenogenéticas, esto es, con la capacidad de que las hembras produzcan huevos fértiles sin la concurrencia de los machos produciendo poblaciones de un solo sexo.
La mayoría de las especies depositan los huevos, bajo piedras, tierra, en galerías, huras, entre grietas, entre la vegetación, etc..  Los huevos son habitualmente blanquecinos y su tamaño y forma depende de la especie, así los huevos de las tortugas son esféricos, y los de las serpientes suelen ser alargados. La cáscara suele ser flexible y algo elástica.
Algunas especies pueden reproducirse antes del año de vida, como sucede con algunas lagartijas mientras que otras especies deben esperar varios años para alcanzar la madurez sexual como es el caso de la mayoría de los ofidios.


 
 

La culebra lisa europea (Coronella austriaca), es, junto a las víboras, la única especie de ofidio ovovivípara. Gracias a este mecanismo de reproducción es capaz de colonizar la alta montaña del Guadarrama. Sin embargo, el ovoviviparismo produce un fuerte desgaste energético a las hembras que evita que estas puedan reproducirse cada año.

 
  La culebra lisa europea (Coronella austriaca), es, junto a las víboras, la única especie de ofidio ovovivípara. Gracias a este mecanismo de reproducción es capaz de colonizar la alta montaña del Guadarrama. Sin embargo, el ovoviviparismo produce un fuerte desgaste energético a las hembras que evita que estas puedan reproducirse cada año.  
   
 

El veneno y las mordeduras

Algunos reptiles son temidos por la capacidad de producir veneno, algunos injustamente, como sucede en el caso de eslizones, salamanquesas o la mayoría de las serpientes de nuestro país que no tienen veneno alguno y otros, porque realmente poseen un potente veneno como es el caso de las víboras (aunque en Europa no existen especies tan venenosas como en otros continentes).
Tanto en la Península Ibérica, como en la zona de estudio sólo son venenosas algunas especies de serpientes y no existiendo, aquí, ningún otro reptil venenoso.

La capacidad de producir veneno y las estructuras relacionadas con su administración han evolucionado de forma diferente en las tres familias de ofidios y, dicho veneno, no es más que una evolución de la saliva y de los jugos gástricos de estos.

Así podemos encontrarnos con ofidios aglifos, que carecen de veneno y tan sólo están dotadas de glándulas bajo las placas labiales cuya finalidad es la de producir secreciones para favorecer el proceso digestivo. La mayoría de los ofidios ibéricos son aglifos, esto es, no presentan veneno.
También existen ofidios opistoglifos, que poseen en la parte posterior del maxilar superior unos dientes conectados con unas glándulas venenosas llamadas glándulas de Duvernoy, que segregan veneno que circula por unas acanaladuras abiertas que poseen dichos dientes. Los ofidios opistoglifos ibéricos son la culebra de cogulla (Macroprotodon brevis) y la culebra bastarda (Malpolon monspessulanum).

 
 

La culebra bastarda (Malpolon monspessulanus) es, junto con la víbora hocicuda (vipera latastei), el otro reptil venenoso de la pronvicia de Segovia, al poseer un par de colmillos acalanados en la parte posterior de su boca (opistoglifa). Sin embargo, debido al pequeño tamaño de su boca, es difícil que nos alcance con ellos aunque nos muerda y además su veneno es poco activo para el hombre, que no pasará de sufrir algunos síntomas locales bastante acentuados, como pequeño hinchazón, a veces algunas nauseas, etc.

 
  La culebra bastarda (Malpolon monspessulanus) es, junto con la víbora hocicuda (vipera latastei), el otro reptil venenoso de la pronvicia de Segovia, al poseer un par de colmillos acalanados en la parte posterior de su boca (opistoglifa). Sin embargo, debido al pequeño tamaño de su boca, es difícil que nos alcance con ellos aunque nos muerda y además su veneno es poco activo para el hombre, que no pasará de sufrir algunos síntomas locales bastante acentuados, como pequeño hinchazón, a veces algunas nauseas, etc.  
 


Existen otros ofidios proteroglifos, esto es, presentan dientes con acanaladura abierta esta vez situados en la parte delantera del maxilar superiror, conectados con las glándulas venenosas. En la Península Ibérica no existen ofidios de este tipo.
Por último existen especies solenoglifas, esto es, presentan unas estructuras fuertemente especializadas, basadas en un par de dientes con un surco interno terminado en bisel, que están sujetas al maxilar y se articulan sobre el hueso prefrontal. Estos dientes que están conectados con las glándulas venenosas, son largos y están plegados, en circunstancias normales, hacia atrás, pero cuando muerden quedan en ángulo recto al maxilar. Estos dientes pueden moverse independientes y suelen ser frágiles y a menudo se rompen y son rápidamente reemplazados por otros de reserva.
Los ofidios solenoglifos ibéricos son las víboras.

En la Península existen 5 especies venenosas, las 3 víboras: víbora cantábrica o de Seoane (Vipera seoanei), víbora hocicuda (Vipera latastei) y víbora áspid (Vipera aspis) y dos especies de colubridos: la culebra bastarda (Malpolon monspessulanum) y la culebra de cogulla (Macroprotodon brevis). Las tres especies de víboras, que son las que tienen los venenos más potentes, no suelen solaparse en sus territorios por lo que a excepción de algunas zonas del norte de Burgos, rara vez será posible encontrar dos especies en el mismo hábitat. Las otras dos especies de culebras venenosas, poseen un veneno con poca toxicidad para el ser humano, siendo además difícil que lleguen a inocularlo en una mordedura a este debido al carácter opistoglifo, esto es, a presentar los dientes inoculadores en la parte posterior de la boca y, debido al pequeño tamaño de esta. En cuanto a la culebra de cogulla (Macroprotodon brevis) es prácticamente imposible que resulte peligrosa para el hombre, debido a la poca cantidad de veneno, a lo poco activo que resulta este veneno para el ser humano y la imposibilidad que tiene la especie para inocularlo en el hombre, debido al pequeño tamaño de su boca.

En la zona de estudio, los Montes de Valsaín, tan sólo podemos encontrarnos una especie venenosa, la víbora hocicuda (Vipera latastei).

 
 

La víbora hocicuda (Vipera latastei) es el único reptil potencialmente peligroso de los Montes de Valsaín. Aunque su mordedura reviste gravedad, pocas veces es mortal. No obstante, el carácter tímido y discreto de estos reptiles hace, que tomando unas mínimas precauciones cuando salimos al campo, como son fijarnos donde nos sentamos y no meter nuestras manos bajo piedras o troncos, hace prácticamente imposible que se produzca su temida mordedura.

 
  La víbora hocicuda (Vipera latastei) es el único reptil potencialmente peligroso de los Montes de Valsaín. Aunque su mordedura reviste gravedad, pocas veces es mortal. No obstante, el carácter tímido y discreto de estos reptiles hace, que tomando unas mínimas precauciones cuando salimos al campo, como son fijarnos donde nos sentamos y no meter nuestras manos bajo piedras o troncos, hace prácticamente imposible que se produzca su temida mordedura.  
   
 

La conservación de los reptiles

La mayoría de los reptiles ha experimentado una acusada rarefacción durante los últimos años.  Especies muy frecuentes hace apenas 30 ó 40 años se han hecho escasos de ver. Quizá lo que más ha perjudicado a nuestros reptiles es la pérdida directa del hábitat y la alteración de sus ecosistemas. Esto ha sido especialmente patente en las últimas décadas, donde, tanto el litoral español como buena parte de algunos ecosistemas de interior, que sin duda, constituían importantísimos enclaves para muchas de nuestras especies, se han visto arrasados, cementados y construidos. Aún hoy sigue siendo sin duda la amenaza más grande que se cierne sobre nuestros reptiles. En la Sierra de Guadarrama, la acumulación de infraestructuras, como la autopista, línea de ferrocarril y carreteras, han supuesto una importante barrera para las poblaciones de algunos de nuestros reptiles más interesantes, además de la pérdida de enclaves muy importantes, todo en el nombre del bien común (como si el mantenimiento de la biodiversidad no fuera el mayor bien común que podemos regalarnos). A la acumulación de infraestructuras, podemos sumarle el efecto arrollador de la gran explosión constructora, (que no demográfica), de muchos pueblos serranos, que, en muchas ocasiones, alejados de los núcleos de los pueblos, han visto proliferar urbanizaciones y viviendas residenciales para el fin de semana, que han supuesto arrasar con algunas zonas importantísimas para numerosas especies.
No sólo las infraestructuras o viviendas suponen la pérdida de hábitat para los reptiles, también lo son los incendios, que afortunadamente están siendo controlados y vigilados en la Sierra de Guadarrama, sino también la reforestación de algunas zonas serranas.
Es importante que determinadas áreas y ecosistemas mantengan diferentes series de vegetación, pues, mientras el pinar suele ser un ecosistema pobre en especies, sin embargo, zonas de alta montaña, o robledales de melojo, son mucho más valiosos para estos. Es por ello, por lo que se debería buscar, en sitios como los Montes de Valsaín, la regeneración del robledal hasta la altura que esta especie puede alcanzar, en detrimento del pino y de la productividad del pinar, pues sería un aliciente importante para las poblaciones de algunos reptiles que hoy en día se encuentran allí muy escasos, así como para otros muchos animales.
Otro problema que supone una pérdida importante de los ecosistemas más apreciados por los reptiles y por otros animales, viene derivado de la agricultura intensiva,  la progresiva homogenización de los hábitats, ha supuesto la pérdida de los ecosistemas de mosaicos, antaño tan abundantes en reptiles. Así, muros, huertos y plantaciones de muchas especies suponían enclaves imprescindibles para nuestros reptiles, estos han desaparecido al transformar estos hábitats en praderas enormes de monocultivos que no aportan ni refugio, ni alimento ni capacidad de termorregulación para estos.
Además, y derivado de este proceso, ha crecido exponencialmente el uso de productos insecticidas, herbicidas y fitosanitarios, que está comprobado, que han producido mortandades masivas en los reptiles, al verse privados de alimento o aún peor, encontrarse este altamente envenenado, así como también han producido importantes trastornos en cuanto a la fertilidad de las especies, así como la viabilidad de las puestas y de los embriones.

 
 

El galágago leproso (Mauremys leprosa), es uno de los reptiles que más ha acusado la introducción de ejemplares de fauna alóctona en nuestros ríos o embalses. Especialmente ha sido el galápago de florida (Trachemys scripta) el que le ha ido desplazando de sus lugares originales.

 
  El galágago leproso (Mauremys leprosa), es uno de los reptiles que más ha acusado la introducción de ejemplares de fauna alóctona en nuestros ríos o embalses. Especialmente ha sido el galápago de florida (Trachemys scripta) el que le ha ido desplazando de sus lugares originales.  
   
 

Otro importante problema para los reptiles, especialmente para algunas especies de culebras como la culebra de escalera o la culebra bastarda o algunos lacértidos como el lagarto ocelado, viene derivado de los atropellos en carreteras. El hecho de que el asfalto de las carreteras coja calor rápidamente y lo mantenga durante los periodos vespertinos hace que estos reptiles lo aprovechen para alcanzar o mantener su temperatura corporal, sin embargo, son numerosísimos los atropellos que se producen por esta “nueva costumbre” de estos y en muchas ocasiones corresponde a ejemplares adultos, en ocasiones, muy grandes, que han tardado varios años en llegar a alcanzar esos tamaños y que además hubieran supuesto buenas oportunidades de aumentar y/o mantener las poblaciones, pues existe una relación directa entre el tamaño del ejemplar y el tamaño de puesta.
Otro importante punto que afecta negativamente en la conservación de nuestras especies de reptiles es, sin duda, la introducción de especies alóctonas (foráneas) en los ecosistemas ibéricos. Animales que, en muchos casos, se han adaptado perfectamente, medrando incluso mejor que las especies nativas, que han visto en estas especies invasoras un duro competidor por el alimento o el refugio y en algunos, incluso son presas de estos. En los Montes de Valsaín especies como la falsa tortuga mapa (Graptemys pseudogeographica), el cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii) o el visón americano (Neovison vison) o incluso la gran cantidad de gatos domésticos que podemos encontrar por los Montes, pueden afectar negativamente en las especies autóctonas de anfibios y reptiles como el galápago leproso (Mauremys leprosa) o  el lagarto verdinegro (Lacerta schreiberi), entre otros.
Por último, uno de los puntos que supone un importante revés para la conservación de nuestros reptiles, es la persecución directa del hombre, debido al miedo o la aversión derivados del desconocimiento, los bulos y las leyendas que sobre estos seres se han creado a lo largo de generaciones y generaciones. Esto ha supuesto la muerte de miles de ejemplares de diferentes especies, especialmente ofidios en los infortunados casos en los que estos se han cruzado con el ser humano. Si inaceptable es esta actitud en los lugares cercanos a nuestras viviendas, aún lo es más en sitios como los Montes de Valsaín y otras zonas de la Sierra de Guadarrama, que están protegidas y donde los reptiles son sus moradores y no nosotros, donde somos meros invitados. Deleitémonos con su contemplación y si algún ofidio se encuentra en nuestro camino dejémoslo escapar, como sin duda hará, al encontrarse con el temido ser humano. Resulta inaceptable, todavía encontrar ejemplares ejecutados dentro de estos montes, por paseantes, ganaderos o residentes en estas zonas, que siempre miran con orgullo el hecho de vivir rodeados de tan exuberante naturaleza, siendo, también los reptiles, importantes exponentes de esta.

 
     
 

Hembra de víbora hocicuda (Vipera latastei) matada por un ganadero en los Montes de Valsaín, olvidando, sin duda, que se trata de una especie protegida en un entorno también protegido.(c) Foto: Cristina Delgado

 
  Hembra de víbora hocicuda (Vipera latastei) matada por un ganadero en los Montes de Valsaín, olvidando, sin duda, que se trata de una especie protegida en un entorno también protegido. (c) Foto: Cristina Delgado  
   
 

Algyroides hidalgoi o la lagartija de El Real Sitio de San Ildefonso

En 1916, el eminente herpetólogo valenciano Eduardo Boscá Casanoves, que dicho sea de paso, revolucionó el mundo de la herpetología de nuestro país, añadiendo conceptos como hábitats, ecología,  hibridación, etc, a lo que antes habían sido meramente listados por zonas, pues bien, Eduardo Boscá, publica en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, publicación del Museo Nacional de Ciencias Naturales, el hallazgo de una nueva especie de lagartija en la península, que además estaba incluida  en un género (Algyroides), que hasta la fecha no se había descrito en nuestro país. Además, en dicho artículo se mencionaba la localidad donde había sido recolectada y no era otra que San Ildefonso (Segovia) y, aunque nada se sabía del lugar exacto de recolección, se apuntaba que otras especies de su género parecían cautas y miedosas hacia el hombre y sus “habitaciones humanas”.
El ejemplar descrito se trataba de un juvenil y afirmaba Boscá que, aunque a primera vista podría ser confundido con un ejemplar de Psammodromus hispanicus o algirus, debido a su dorso aquillado y a su color, por lo que podría haber pasado desapercibida para los "exploradores naturalistas" de la región, se trataba de un espécimen del género Algyroides. La pequeña lagartija, tenía una longitud total de 59 mm y presentaba un color café en el dorso con pequeñas manchitas oscuras en las placas de la cabeza y algo más grandes sobre las extremidades. Por la parte ventral, era de un color gris azulado a excepción de la cola que también era del mismo color café.
El bueno de Boscá hacía una comparación entre la lagartija del género Algyroides más cercana a nosotros que se conocía en esos tiempos y que se podía ver en Francia (Algyroides fitzingeri) y esta que recientemente habían encontrado, observando algunas diferencias lo suficientemente sustanciales como para asignarla como nueva especie.
A la nueva especie, le dio el nombre de Algyroides hidalgoi, en honor de su amigo y supuesto colector de dicha lagartija el malacólogo J.G. Hidalgo. La noticia no tardó en correr como la pólvora por los selectos círculos herpetológicos y científicos europeos y pronto varios herpetólogos de renombre se interesaron por la nueva especie de lagartija.
La lagartija en cuestión fue puesta en conservación y mantenimiento en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, pero, desgraciadamente, desapareció durante la Guerra Civil, evitando así la posibilidad de volver a ser analizada posteriormente con mucho más detalle e incluso molecularmente.
Varias han sido las expediciones en busca de esta lagartija y varios los herpetólogos que han pasado algún tiempo buscando la gloria redescubriendo la especie, pero desgraciadamente y, de momento, todo ha sido en balde.

 
     
 

Ejemplar juvenil de lagartija colilarga (Psammodromus algirus), especie con la que debía mantener cierto parecido el ejemplar de algyroides hidalgoi colectado en la granja. Sin embargo las diferencias eran sufientemente grandes para concluir que se trataba de otra especie diferente.

 
  Ejemplar juvenil de lagartija colilarga (Psammodromus algirus), especie con la que debía mantener cierto parecido el ejemplar de algyroides hidalgoi colectado en la granja. Sin embargo las diferencias eran sufientemente grandes para concluir que se trataba de otra especie diferente.  
 

La verdad es que tiempo después (42 años), es decir, en 1958, se descubrió una especie de Algyroides propia de la Península Ibérica (Algyroides marchi o Lagartija de Valverde) y no fue hasta mucho después, dónde se descubrieron nuevas localidades para esta lagartija, sin embargo, la descripción de la lagartija de El Real Sitio de San Ildefonso definitivamente no era la descripción de una Algyroides marchi, por lo que la incógnita aún se acrecentó más, al tratarse de una especie completamente diferente y nunca antes mencionada.

¿Un etiquetado mal realizado por el eminente malacólogo J.G.Hidalgo? Allí han querido ver muchos la respuesta al enigma, sin embargo, las muestras es seguro que procedían de la Península Ibérica y la mencionada lagartija  por la descripción hemos dicho que no es una Lagartija de Valverde (Algyroides marchi).

¿Un ejemplar aberrante de algunas de nuestras especies de Psammodromus o incluso de Algyroides marchi? Aunque pudiera ser una solución, nos parece poco plausible pues la descripción parece de un ejemplar normal sin aberraciones aparentes.

¿Un ejemplar foráneo introducido accidentalmente y provinente de algunas partidas de material, árboles, etc para los afamados Jardines o para el  palacio de El Real Sitio? Esta es una probabilidad que me apuntó, con buen criterio, el herpetólogo soriano Óscar Arribas, pero que me temo que nunca podremos comprobar.

La única forma de romper el misterio sería redescubriendo el ya mítico reptil, Algyroides hidalgoi Lagartija de Hidalgo o de El Real Sitio de San Ildefonso, mientras tanto, todo serán especulaciones.

Las mayoría de las lagartijas del genéro Algyroides, son amantes de los lugares umbríos y húmedos, así zonas encajonadas de rocas y gargantas con orientaciones norte, son las preferidas por estos poco comunes reptiles, quien sabe si las más altas pozas del Cambrones o las zonas húmedas de algunos de los arroyos de Valsaín pudieran albergar los últimos ejemplares de esta extraña lagartija ocultos a los ojos no expertos.
La incógnita sigue abierta....aunque algunos ya han tirado la toalla.

 
     
 

Ejemplar juvenil de culebra lisa meridional (Coronella girondica) otro de los reptiles presentes en Los Montes de Valsaín.

 
  Ejemplar juvenil de culebra lisa meridional (Coronella girondica) otro de los reptiles presentes en Los Montes de Valsaín.  
   
 

Este monográfico no podría haber realizado tal y como podéis verlo, sin la ayuda de algunas personas a las que quiero agradecer. Agradecimientos especiales a Gabriel Martínez del Mármol por las buenas jornadas de campo y las lecciones de prospección de especies. También quería agradecer a Enrique Ayllón, a Rafael Vázquez Graña, Raúl León Vigara, Juan Timms y Salvador Colvée Nebot, a unos por las jornadas de campeo, a otros por la información aportada y los consejos dados. Y en general a cualquier persona que haya llegado hasta aquí movido por el amor o la necesidad de conocimiento sobre nuestra fauna herpetológica.

A la memoria de GUSTAVO "TATO" MARTÍN . No tuve cojones para ir a verte cuando te diagnosticaron tu mal. Siempre estarás en mi recuerdo: GRANDE. ("Cuando llega la noche / no lo puedo remediar / se me agarra el derroche / y lo empiezo a pasar mal")

Para saber más sobre los reptiles:

  • Atlas provisional de la herpetofauna en el Sistema Central segoviano.

M. Lizana, C. del Arco, J.J. Morales, J. Bosch, D. Cejudo, F.J. López González, J. Gutiérrez y R. Martín Sánchez.
Edita Revista Española de Herpetología 9:113-132 © 1995

  • Distribución y Protección de los Anfibios y Reptiles de Las Sierras de Guadarrama, Somosierra y Ayllón. 

M. Lizana Avia, J.J. Morales Martín, F.J. López González, R. Martín Sánchez y C. Del Arco Díaz.
Edita Premios de V Concurso sobre el Medio Ambiente, Caja Segovia.  © 1994

  • Análisis de la distribución altitudinal de la herpetofauna en las sierras de Segovia.

J.J Morales, M. Lizna y C. Del Arco.
Edita Revista Española de Herpetología 16:29-42 © 2002

  • Anfibios y reptiles de la Península Ibérica, Baleares y Canarias. Guia ilustrada para identificar y conocer todas las especies.

Luis Javier Barbadillo, Jose Ignacio Lacomba, Vicente Sancho, Luis Felipe López-Jurado.
Edita Geoplaneta © 1999

  • La fauna de la provincia de Segovia.

Javier Sanchez Vaquero y Valentin Pérez-Mellado. Obra Cultural de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Segovia. ©1983

  • Conservación de las poblaciones de vertebrados amenazados y bioindicadores de medios acuáticos del Sistema Central Segoviano.

Pablo García Díaz y Miguel Lizana Avia.
Edita Caja Segovia Obra Social y Cultural.© 2007

  • Reptiles españoles. Identificación, historia, natural y distribución.

Alfredo Salvador, Juan Manuel Pleguezuelos.
Edita Esfagnos © 2002

  • Los anfibios y reptiles de Madrid.

M.G.París, C.Martín, J.Dorda y M. Esteban.
Edita servicio de Extensión Agraria. Ministerio de Agricultura, pesca y alimentación © 1989

  • La guía incafo de los Anfibios y Reptiles de la Península Ibérica, Islas Baleares y Canarias.

Luis Javier Barbadillo © 1987

  • Reptiles y Anfibios. Guia de campo.

Nicholas Arnold y Denys Ovenden.
Edita Omega © 2007 (Edición en castellano)

  • Anfibios y Reptiles de la Península Ibérica y Baleares

Toni Aragón Rebollo
Editorial Jaguar © 2006

  • Guía de las Serpientes de Europa, Norte de África y Próximo Oriente.

Ulrich Gruber
Edita Omega © 1993 (Edición en castellano)

  • Anfibios y Reptiles de la Península Ibérica, Baleares y Canarias. Nuevas Guías de Campo

Albert Masó y Manuel Pijoan
Edita Omega © 2011

  • Anfibios y reptiles del Parque Nacional de los Picos de Europa.

Francisco Javier Diego, Jaime Bosch, Enrique Ayllón, Pedro Luis Hernández, Lorenzo Sevilla y Amparo Mora.
Edita Organismo Autónomo de Parques Nacionales © 2010

  • Anfibios y reptiles de la provincia de Teruel.

Carmen Liberos Saura, Miguel Angel Martín Arnau, Francisco José Serrano Eizaguerri.
Edita Instituto de Estudios Turolenses © 2006

  • Granada. Guias de la naturaleza. Anfibios y Reptiles.

J.M. Pleguezuelos y Monica Feriche.
Edita Diputación de Granada © 2003

  • Guía de las serpientes de Europa.

Silvio Bruno y Stefano Maugeri.
Edita Omega © 1992

  • Anfibios y Reptiles del Parque Nacional de las Islas Altlánticas de Galicia. Faunística, Biología y conservación.

P. Galán.
Edita Ministerio de Medio Ambiente © 2003

  • Fauna ibérica. Volúmen 10. Reptiles.

A. Salvador.
Edita C.S.I.C. © 1998

  • Reptiles de Bizkaia.

Varios autores.
Edita Diputación Foral de Bizkaia © 2001

  • Rèptils i Amfibis de Les Balears

J. Mayol
Edita Moll © 2003

  • Amfibis i Rèptils de La Garrotxa

M. Macias
Edita: Bubok © 2010

  • Amfibis I Rèptils de Catalunya, País Valencià i Balears

X. Rivera
Edita Lynx Edicions © 2010

  • Anfibios y reptiles de la Provincia de Huelva.

Juan Pablo González de la Vega. Segunda Edición. © 1989

  • Atlas y Libro Rojo de los Anfibios y Reptiles de España.

J.M. Pleguezuelos, Rafael Márquez, Miguel Lizana.
Edita Ministerio de Medio Ambiente-Asociación Herpetológica Española © 2002

  • Naturaleza en Castilla y León. Los Reptiles

Manuel E. Ortiz-Santaliestra, Francisco Javier Diego-Rasilla, César Ayres Fernández, Enrique Ayllón López. AHE
Edita Caja Burgos / Publicaciones © 2011

  • Guía de los Anfibios y Reptiles de La Rioja

Carlos Zaldívar Ezquerro, Eduardo Ruiz Baltanás.
Edita Gobierno de La Rioja © 2013

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